20/4/18

La caída de Oeon


Siempre se dice que los imperios galácticos son adaptaciones del Imperio Romano, pero la verdad es que el Imperio de Oeon (no confundir con el actual mucho más pequeño) era una versión de la Unión Soviética, una versión un poco perturbada que quizás se parecía más a China que a Rusia. Una de sus grandes contradicciones es que tenían una monarquía hereditaria. Nos pareció una idea original entonces, pero luego llegó Corea del Norte y Cuba y nos copiaron. A pesar de ser un sistema de gobierno proletario, los Buckclaimer, así se llamaban, no ostentaban ningún poder y eran solo algo con lo que identificarse. Eran unos reyes listos y no se dedicaban a salir en los holodiarios haciendo cosas elitistas, sino más bien al contrario. En realidad eran una monarquía porque procedían de una república y llevar la contraria a los padres es algo que a los humanos se les da bien.


El origen de Oeon está en la larga guerra que mantuvieron humanos y verrianos (una de las especies insectoides de Exo). Oeon estaba en una zona de la galaxia donde el frente les pillaba lejos, pero las necesidades bélicas hacían que gran parte de la producción se alejara de la zona y que el nivel de vida, a pesar del trabajo, fuera empobreciéndose cada vez más. Los trabajadores de Oeon se preguntaban si debían seguir sacrificándose por una guerra que parecía que solo beneficiaba a las grandes empresas de armas y a los consorcios de transportes. «Una guerra capitalista» decían. Y claro, no tardaron en querer salirse de ella. No es exactamente igual a 1917, pero así nació Oeon. La historia del reconocimiento de su independencia por parte de la malvada República es una historia interesante, pero, si eso, hablaremos de ella en otro momento.

La República de Vettera (más tarde República Federal de Planetas) siempre ha estado en guerra y siempre ha hecho de esta un próspero negocio. Oeon siguió siendo el «granero» de sus vecinos, como antes de la independencia, aunque en esta ocasión los beneficios y la repercusión de la producción en la población era mayor. La dirección política estaba en mano de comités (soviets) que tomaban decisiones por pequeños territorios, ciudades, planetas, sistemas y aunque había un comité central, el centralismo era una idea opuesta a la gestión local en manos de los comités. Las decisiones se tomaron con objetivos locales y no pasó mucho tiempo en el que los planetas se concentraron en lo que les reportaba más beneficios. En otros lugares de la galaxia se habla de planetas agrícolas o industriales como una generalización, pero no son planetas dedicados a una sola cosa; en Oeon sí llegó a ser cierto que un planeta era monoproductivo y que gran parte de su economía se basaba solo en un producto. A esto hay que sumarle que los planetas no sintieron la necesidad de establecer redes comerciales. La República enviaba sus propios cargueros a recoger la mercancía. Ellos se encargaban de sacarla de allí, ¿para que invertir recursos en naves de gran tonelaje?

El final del Imperio de Oeon se señala en los libros de historia en el atentado sufrido por la familia real. Una plataforma, donde se celebraba una fiesta con toda la realeza y los comités más importantes, se precipitó cientos de metros contra el suelo cuando sus motores de levitación fallaron (más tarde se supo que no había sido un accidente). Este suceso no es el principio del final, sino una de sus consecuencias, la respuesta de una población empobrecida. Oeon cayó cuando la guerra se terminó, cuando la RFP pasó decenas de años sin guerras galácticas. De repente, toda la producción de Oeon no tenía un destino y, es más, carecía de infraestructuras para repartirla en el mercado interno o en otros mercados. El material de las minas se herrumbraba a pocos años luz de planetas industriales que se morían de hambre a pocos saltos subespaciales de donde se estropeaba la comida. Esa desorganización dejó las puertas abiertas a intereses de empresas comerciales y particulares que hicieron sus propios reinos de taifas en función de la mercancía que eran capaces de mover. El atentado solo hizo saltar en pedazos una nación que había dejado de serlo hace años.


Unos pocos sectores galácticos volvieron a formar parte de la República, como antaño, pero de los fragmentos del Imperio de Oeon surgieron naciones en torno a colectivos y consorcios comerciales: la Unión Pangaláctica (donde los aioll se hicieron con el poder), la Unión de Pueblos Libres (en torno a una figura mesiánica), La Marca (bajo la bota de una dictadura militar), la actual Oeon (mucho más reducida que antaño) y el Sector Libertad (quienes se convertirían en una nación de inspiración anarquista). En el Sector Libertad es donde están ambientadas las, por ahora, dos novelas de Exo.